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(Cubierta: Desilo)

Título: Los muertos lo pasaron en grande.
Autor: Silver Kane.
Editorial: Bruguera.
Colección: Servicio Secreto
Nº: 1322.
de páginas: 96.
Fecha de publicación: diciembre, 1975.
Precio original: 40  ptas (vuelto a marcar).

Argumento:

Cuando Clark Madison recibe la orden de última hora de cambiar el destino de su misión a África, intercambiándose con la de su compañero Nikky Palermo, no podía imaginar que se vería implicado en  un caso de tráfico de mujeres y enfrentándose al poder y la corrupción de los grandes jeques del petróleo. Nada más llegar al hotel Djibouti, donde esperaba encontrarse con una chica que había conocido Palermo y que, al no poder acudir a la cita por el cambio de misión, debía proteger, contempla  el “vuelo” de un hombre desde uno de los pisos del hotel hasta la terraza, junto a la piscina, donde encuentra la muerte. Despierto su instinto de asesino, Madison se dispondrá a investigar el extraño “suicidio” que le llevará ante las puertas de la muerte. Pero Clark no se arredrará ante esta vieja conocida suya…

Opinión personal:

Estamos ante una de las más divertidas novelas de Silver Kane que me he echado a la cara en mi faceta de bolsilector. El desparpajo con el que nos cuenta las aventuras de Clark Madison, una especie de híbrido entre 007 y Harry “el sucio” nos contagia desde el primer momento una enorme simpatía hacia el protagonista y un deseo irrefrenable de continuar con una historia que está plagada de momentos y frases inolvidables. Tanto es así que no he podido resistirme y voy a recuperar aquí algunos de ellos, sin que afecte a la lectura para cualquiera que desee acercarse a la novela ni desvele nada del argumento de la misma. Además, son tantos los momentos gloriosos que tiene este bolsilibro que habría que reproducirlo por completo para hacerle justicia. Ahí van dos de ellos.

El árabe que mascaba haschís tuvo motivos para pensar que aquel aguijón le había llegado hasta el estómago después de atravesar todo el bajo vientre. El terrible dolor le hizo lanzar un alarido que a la fuerza hubo de oírse en todo el hotel.
Aun así, hubiera podido salvar la vida.
Al fin y al cabo, el golpe no era tan grave. Un par de meses caminando con las piernas arqueadas y sin poder sentarse. Total, nada. Pero el fulano quiso disparar otra vez. Se puso tonto. Se le ocurrió pensar que, puesto que había liquidado a un hombre aquella mañana, podía liquidar a otro.
Lástima de ocurrencia.
Clark le puse una mano en el bajo vientre.
El dolor y el aullido se reprodujeron.
Lo levantó a plomo.
Más aullidos.
Lástima que el fulano aún insistiera en disparar.
Clark tomó impulso.
Lo lanzó como un lanzador de peso se deshace del paquete. Lo vio volar meteóricamente hacia la ventana.
¡Qué gran vista la que se distinguía desde el octavo piso!
Lástima que fuera tan breve.

En definitiva, si los muertos lo pasaron en grande en esta novela, no les digo a ustedes los lectores.

Uno de ellos se acercó sin mirar siquiera.
-¿Todo bien? -preguntó.
-Para mí, sí – dijo Clark-. Para ti, no lo sé.
Y le clavó el cañón del “Magnum” en el bajo vientre.
Es una caricia que no le gusta a nadie. Si quiere, puede usted probar con sus mejores amigos. Los perderá en seguida.

Feliz lectura bolsilibresca.

Valoración: *****

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